lunes, 17 de agosto de 2015

ALGO IMPENSABLE.


Hace justamente dos años que rompí una relación tóxica y destructiva que llevaba 43 años torturándome. Una tortura silenciosa y solapada. De esas torturas tan sutiles que te hacen dudar de ti misma y tu cordura. Que te anulan y te arruinan la vida emocional y económica.
Nunca pensé que un día, harta de todo, me atrevería a romper esa relación y que además de romperla le dijera a la persona en cuestión el por qué de mi distanciamiento. Me han criticado, me han insultado... gente cercana, amigos que ya no lo son, familiares directos e indirectos... He estado sola durante dos años, sin familia, a esa que tanto he ayudado y regalado mi dinero, ese que me cuesta tanto ganar y que no recojo de un árbol, como ellos creían. Y el resultado es:
PERFECTO. Ya no tengo dolores de barriga, ni ansiedad, ni ataques de rabia, ira contenida, ni ganas de morirme...
Pero además, la recompensa ha llegado: la vida a puesto en su lugar a esa persona y su lado oscuro ha quedado a la vista de parientes, familiares, vecinos...
Y he recuperado a dos personas en mi vida que me dieron de lado por cortar con esa relación destructiva.
Consentir un maltrato no ayuda ni a la persona maltratada ni al maltratador.
Fui una muñeca rota durante la mayor parte de mi vida y eso no se puede repetir. De todo esto lamento no haberme puesto de parte de mi padre. Todo lo vi claro cuando él ya había fallecido.
¿Cómo recuperar el tiempo perdido?

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