martes, 6 de octubre de 2015

EL PRINCIPITO...


Erase una vez una niña de seis años que iba a un colegio público. Su papá le enseñaba las lecciones de la vida a base de bofetadas y castigos. Ella era la pequeña de cinco hermanos, ella era la única niña. Sin embargo, eso no le ayudó mucho, lejos de ser la mimada de la casa, se convirtió en la esclava de todos. Lo que más odiaba la pequeña era que su padre la llamase "zanahoria", debido al color de su cabello.
Para tener tan solo seis años era muy madura y su padre estaba obsesionado con endurecerla para poder enfrentarse a la vida. Le enseñó que la vida no era un camino de rosas, que existía gente muy mala en el mundo y que detrás de cada esquina había una persona capaz de hacerla daño.
Zanahoria admiraba a su padre, era comisario de policía y lo respetaban en su trabajo, igual que le temían.
Era una mañana de primavera cuando la pequeña se encontró que su profesora favorita, la seño Pilar, había organizado una sesión de lectura especial, acompañada de diapositivas, en la sala de actos. Iban a leer El principito, de Antoine de Saint-Exupéry.
Comenzó la lectura por turnos. A Zanahoria le tocó leer de las primeras. Conforme seguía la lectura, se percató de que aquel niño del cuento era estúpido. Un tarado soñador. Se dijo que la vida escondía cosas malas y que nada bueno había en el mundo. Cuando la seño Pilar le preguntó a los niños qué les había parecido el cuento, todos afirmaron que les había encantado. Sin embargo, la seño vio a Zahoria callada y se entristeció.
Cuando la pequeña pelirroja regresó a casa después de la jornada en el colegio, su padre le preguntó que tal le había ido. Ella contestó:
-No sé, la seño Pilar nos ha hecho leer un cuento de un niño loco.
Y así se quedó la cosa.
Cuarenta y un años después, y tras la muerte de su padre, Zanahoria cogió el libro e intentó reconciliarse con el Principito.

2 comentarios:

Mayte Esteban dijo...

Este libro es mágico. Cada vez que lo lees, en cada etapa de tu vida, despierta en ti pensamientos diferentes. Por eso sigue ahí. Yo no sé ya las veces que lo he releído y siempre pasa eso.

Un beso

Martina Albeaga... dijo...

Pues sí, Mayte, es un libro que no envejece.
Un abrazo y gracias por pasar.