viernes, 27 de noviembre de 2015

LIMÁNDOME LAS UÑAS...

Estaba yo tan a gustito leyendo una novela cuando un Señor escritor famoso y con un ego descomunal, me envía un mensaje privado, a Rosalía también, exigiendo que no hiciésemos una mala crítica de su novela en el caso de que no nos llegase a gustar.
Yo ya no leía tan a gustito, se me puso el cuerpo como una jota, con una mala leche que las pecas de mi cuerpo desaparecieron. No es la primera vez que sucede esto; no. Tuve la osadía, Dios que inicua soy y mala puta, de comentar una novela que no me gustó, y salió una víbora con nombre y apellidos, la madre de la criatura, a decirme de todo menos pelirroja bonita. Intenté explicarle el por qué de mi crítica negativa, educada y con fundamento, pero odiaba todo lo que fuera en contra de su credo. Pues nada, te queda el cuerpo mal, porque a mí no me van las trifulcas. Ahí quedó todo, bueno, a mi compañera de blog le sentó como una patada en el hígado y no creo que logre frenar su sed de venganza.
Yo intenté mostrarle a Rosalía que no valía la pena disgustarse por eso, ni por el anormal que se dedica a enviarme mensaje privados groseros o al que le da al "me gusta" y le planta un corazoncito a un escritor famoso cuando tiene una salida de tono: entre ellos se apoyan, entre ellos se promocionan, entre ellos... y que le den al lector.
Así que, cansadas de tanto escritor/a ególatra hemos decidido colgar en nuestro blog aquellas reseñas que se quedaron perdidas por ser negativas, para no perjudicar al escritor de turno. ¡Se acabó!  A partir de hoy también se van a colgar en M&R aquellas novelas que no nos han gustado, explicando porqué y diciendo las cosas tal y como las vemos, eso sí, educadamente. Ya está bien de tanto mensajito macabro, coaccionador y de mal gusto, aunque vaya acompañado de un emoticono, que más que conciliar parece que te esté diciendo: eres una hija de putin y me río de tu careto. ¡Y tú te has gastado dinero en mi libro y no puedes opinar: imbécil!
Me estoy limándo las uñas, comienza la era más cañera y heavy de estas dos lectómanas. Y sí, ya puedes llamarnos hijas de Belcebú, pero que sea con razón.
Ah, y se acabó eso de dar bola a los idiotas que escriben mensajes privados, al primero/a que se propase, tuiteamos en público sus comentarios macabros. No tenemos porqué quedarnos Rosalía y yo con cara de póker y con ganas de réplica.